El Silencio del Pantano
ChatGPT
Dijiste:
Una chica rubia de rostro angelical y vestido tierno azul celeste en arte digital semi-realista oscuro é en un pan
Había una vez una niña llamada Lía, de cabellos dorados como el trigo bajo el sol de otoño. Su rostro, delicado y sereno, reflejaba una pureza que parecía no pertenecer a este mundo. Llevaba siempre un vestido azul celeste, regalo de su madre antes de desaparecer una noche sin dejar rastro. Desde entonces, Lía vagaba sola por los bordes de un pantano, ese lugar del que todos en el pueblo hablaban con susurros y temor.
Una tarde nublada, el cielo cubierto de ceniza, Lía llegó al corazón del pantano. Allí, encontró una vieja piscina de piedra, hundida en el barro. El agua era espesa, marrón, y burbujeaba como si respirara. Se sentó en silencio, con los pies colgando dentro de aquel fango. No lloraba, ya no podía. Sus ojos miraban sin ver, esperando quizás que el lodo le tragara el alma que ya sentía perdida.
Las horas pasaron, el silencio se volvió más denso que el aire. La niña no se movía, como si hubiese echado raíces en la piedra. Entonces lo sintió: una presencia tras ella. No era humana. No era del todo real. Pero sí estaba allí. Sombra entre los árboles. Un hombre envuelto en oscuridad, con el rostro oculto por una capucha. Llevaba algo en la mano. Brillaba tenuemente. Una hoja manchada.
Lía no se giró. No gritó. No corrió. Solo cerró los ojos. Como si lo hubiese estado esperando desde siempre. Como si supiera que ese sería el final de su historia.
Y así, cuando la noche cayó sobre el pantano, nadie más volvió a ver a la niña del vestido azul.
Solo el barro recuerda. Solo el barro sabe.
Comentarios
Publicar un comentario